HISTORICAL INFORMATION
Napoleón I Bonaparte
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Napoleón Bonaparte fue el genio militar más brillante del siglo XIX, pero también una de sus figuras más controvertidas. Conquistó la mayor parte de Europa occidental para Francia e instituyó reformas en estos nuevos territorios a fin de garantizar las libertades civiles y mejorar la calidad de vida. Fue coronado emperador de Francia en 1804 y estimuló al país implantando reformas para unificar a la nación, dividida por la revolución; muchas de las cuales perduran en la actualidad, como son las garantías referentes a las libertades civiles.
A partir de 1790
las guerras de la Revolución Francesa se mezclaron con las Guerras Napoleónicas
cuando Napoleón Bonaparte se hizo con el poder en Francia.
Napoleón
libró unas serie de guerras, como continuación de la Revolución Francesa,
contra una alianza de varias monarquías europeas cuyos gobernantes temían que
la popularidad de las reformas democráticas francesas se extendiera a otros países.
Así pues, Austria, Gran Bretaña, Prusia, España, los Países Bajos y el reino
de Cerdeña formaron la Primera Coalición, cuyo objetivo era derrotar a Napoleón
y restaurar a la nobleza en el trono francés.
Guerras
Napoleónicas, serie de guerras libradas entre
Francia y varias naciones europeas desde 1799 hasta 1815. En 1799, Francia quedó
bajo el dominio de Napoleón, coronado emperador de Francia en 1804 con el
nombre de Napoleón I Bonaparte. Estos enfrentamientos militares fueron una
continuación de las guerras mantenidas por Francia en Europa durante la
Revolución Francesa (1789-1799).
LA
PRIMERA COALICIÓN
Durante la guerra de la
Primera Coalición (1793-1797), Francia luchó contra la alianza formada por
Austria, Prusia, Gran Bretaña, España, las Provincias Unidas (actuales Países
Bajos) y el reino de Cerdeña. El gobierno francés —el Directorio— confió
a Napoleón la dirección de las operaciones militares contra las tropas
austriacas en el norte de Italia en 1796. En menos de un año, Napoleón había
vencido a las fuerzas de Austria, superiores en número. En 1798, se le asignó
el mando de una expedición que tenía como objetivo conquistar Egipto para
cortar la ruta británica a la India. La invasión fracasó tras la batalla del
Nilo y Napoleón regresó a Francia. Aunque ambas campañas se produjeron
durante el régimen del Consulado, antes de la asunción del poder por
Bonaparte, suelen ser consideradas como la primera fase de las Guerras Napoleónicas.
Fue en ellas donde el líder francés desplegó por primera vez a gran escala su
talento como jefe militar.
LA
SEGUNDA COALICIÓN
La victoria de Napoleón
en la campaña contra los austriacos en el norte de Italia puso fin a la Primera
Coalición. No obstante, durante su estancia en Egipto se formó la Segunda
Coalición (24 de diciembre de 1798) integrada por Rusia, Gran Bretaña,
Austria, el reino de Nápoles, Portugal y el Imperio otomano. Las batallas
principales de la guerra de la Segunda Coalición, que se inició a finales de
1798, tuvieron lugar en el norte de Italia y en Suiza al año siguiente. Los
austriacos y los rusos, dirigidos por el general Alexander Suvórov, vencieron a
los franceses en el norte de Italia en las batallas de Magnano (5 de abril de
1799), Cassano (27 de abril), el Trebbia (17-19 de junio) y Novi (el 15 de
agosto). La Coalición también tomó Milán; abolió la República Cisalpina,
que se había constituido bajo los auspicios del gobierno francés en 1797; ocupó
Turín y privó a Francia de sus anteriores conquistas en Italia. El resultado
de la lucha en Suiza fue más favorable para los franceses. Tras ser derrotados
en Zurich (7 de junio) por Carlos de Habsburgo, archiduque de Austria, las
fuerzas francesas dirigidas por el general André Masséna vencieron a las
tropas rusas del general Alexander Korsakov el 26 de septiembre. Suvórov y sus
fuerzas abandonaron el norte de Italia atravesando los Alpes para unirse a
Korsakov en Suiza, donde sus tropas se habían dispersado tras ser vencidas. El
ejército de Suvórov hubo de refugiarse en las montañas del cantón de los
Grisones, donde quedó diezmado a causa del frío y el hambre. Los rusos se
retiraron de la Segunda Coalición el 22 de octubre alegando como motivo la
falta de cooperación de los austriacos.
Cuando Napoleón regresó
a Francia procedente de Egipto en octubre de 1799, pasó a ser el líder del
Consulado y ofreció la paz a los aliados. La Coalición rechazó esta propuesta
y Napoleón planeó una serie de ataques contra Austria para la primavera de
1800. Bonaparte se adentró en Italia cruzando los Alpes con un nuevo ejército
formado por 40.000 hombres y venció a los austriacos en la batalla de Marengo
el 14 de junio. Mientras tanto, las tropas francesas del general Jean Víctor
Moreau habían penetrado en el sur de Alemania atravesando el Rin y tomando
Munich. Moreau también había derrotado a las fuerzas austriacas del archiduque
de Austria Juan de Habsburgo en la batalla de Hohenlinden, que tuvo lugar en
Baviera el 3 de diciembre, y se había aproximado a la ciudad de Linz (Austria).
Las victorias francesas obligaron a firmar a Austria el Tratado de Lunéville el
9 de febrero de 1801, por el que Austria y sus aliados alemanes cedían la
orilla izquierda del río Rin a Francia y reconocían a las repúblicas Bátava,
Helvética, Cisalpina y Ligur, además de realizar otras concesiones. Asimismo,
este tratado marcó la disolución de la Segunda Coalición. El único aliado
que continuó la lucha contra Francia fue Gran Bretaña. Las tropas británicas
se habían enfrentado sin éxito contra las francesas en territorio holandés en
1799, pero habían conquistado algunas posesiones francesas de Asia y otros
lugares. Gran Bretaña firmó el 27 de marzo de 1802 la Paz de Amiens con
Francia.
No obstante, esta paz
resultó ser una mera suspensión de las hostilidades. En 1803 se produjo una
disputa entre ambos países a propósito de la cláusula del acuerdo que
establecía la restitución de la isla de Malta a la orden de los Caballeros de
San Juan de Jerusalén. Gran Bretaña se negó a entregar la isla, por lo que
estalló una nueva guerra contra los franceses. Una importante consecuencia de
este conflicto fue que Napoleón abandonó su proyecto de establecer un gran
imperio colonial francés en Norteamérica, al verse obligado a concentrar sus
recursos en Europa. Así pues, vendió Luisiana a Estados Unidos. En 1805,
Austria, Rusia y Suecia se unieron al conflicto en apoyo del bando británico, y
España se alió con Francia; este fue el inicio de la guerra de la Tercera
Coalición.
LA
TERCERA COALICIÓN
Napoleón se apresuró a
tomar medidas contra la nueva alianza. Había ejercido una gran presión sobre
Gran Bretaña desde 1798 al mantener a un ejército concentrado en Boulogne —a
orillas del canal de la Mancha—, que hacía pensar a los británicos que se
preparaba una invasión de Inglaterra. Bonaparte aumentó considerablemente el número
de fuerzas destacadas en Boulogne cuando comenzaron las disensiones que hicieron
estallar la guerra en 1803. Tras la formación de la Tercera Coalición contra
Francia, sus tropas abandonaron Boulogne para enfrentarse a los austriacos, que
habían invadido Baviera con un ejército dirigido por Fernando III, el gran
duque de la Toscana, y el general Karl Mack von Leiberich. Varios estados
alemanes, entre los que se contaban Baviera, Württemberg y Baden, se aliaron
con Francia. Napoleón derrotó a las fuerzas de Austria en Ulm, capturó a
23.000 prisioneros y, a continuación, marchó con sus tropas a lo largo del
Danubio y conquistó Viena. Los ejércitos rusos liderados por el general Mijaíl
Kutúzov y Alejandro I, emperador de Rusia, respaldaron a los austriacos, pero
Bonaparte venció a las fuerzas austro-rusas en la batalla de Austerlitz, también
denominada de los Tres Emperadores. Austria se rindió nuevamente y firmó el
Tratado de Presburgo el 26 de diciembre de 1805. Una de las cláusulas del
acuerdo estipulaba que Austria debía entregar a Francia la zona del norte de
Italia y a Baviera parte del propio territorio austriaco; asimismo, Austria
reconoció a los ducados de Württemberg y Baden como reinos.
LA
CONFEDERACIÓN DEL RIN
Dado que las tropas del
general Masséna habían derrotado al ejército austriaco mandado por Carlos de
Habsburgo en Italia, Napoleón aprovechó esta situación para nombrar a su
hermano, José I, rey de Nápoles en 1806; asimismo, nombró a otro de sus
hermanos, Luis I Bonaparte, rey de Holanda (la antigua República Bátava); el
12 de julio estableció la Confederación del Rin, constituida finalmente por
todos los estados alemanes a excepción de Austria, Prusia, Brunswick y Hesse.
La formación de esta entidad política puso fin al Sacro Imperio Romano Germánico
y casi toda Alemania quedó bajo el control de Bonaparte. No obstante, los éxitos
en el continente quedaron contrarrestados en gran medida por la derrota que el
almirante británico Horacio Nelson infligió a la fuerza conjunta de la flota
francesa y española frente a las costas del cabo de Trafalgar el 21 de octubre
de 1805. Napoleón implantó en 1806 el denominado Sistema Continental por el
que los puertos de toda Europa quedaban cerrados al comercio británico. La
superioridad naval de los británicos dificultó la aplicación del Sistema
Continental e hizo fracasar la política económica europea de Bonaparte.
LA
CUARTA COALICIÓN
Prusia, ante el incremento
de poder de Francia en Alemania, se unió a la Cuarta Coalición compuesta por
Gran Bretaña, Rusia y Suecia en 1806. Bonaparte aplastó a las tropas prusianas
en la batalla de Jena el 14 de octubre de ese mismo año y tomó Berlín. A
continuación, derrotó a los rusos en la batalla de Friedland y obligó a
firmar la paz a Alejandro I. De acuerdo con las principales condiciones del
Tratado de Tilsit, Rusia tuvo que entregar sus posesiones polacas y aliarse con
Francia, mientras que Prusia perdió casi la mitad de su territorio, tuvo que
hacer frente a cuantiosas indemnizaciones y se le impusieron severas
restricciones al tamaño de su ejército permanente. Rusia y Dinamarca
emprendieron una acción militar contra Suecia que obligó a su monarca, Gustavo
IV Adolfo, a abdicar en favor de su tío, Carlos XIII, a condición de que éste
nombrara como su heredero al general Jean Baptiste Jules Bernadotte, uno de los
mariscales de Napoleón. Bernadotte fue coronado en 1818 con el nombre de Carlos
XIV Jean-Baptiste Bernadotte y fue el fundador de la dinastía actual sueca.
EL
NACIONALISMO ANTINAPOLEÓNICO
En 1808, Napoleón dominaba
toda Europa, a excepción de Rusia y Gran Bretaña. Las principales razones del
posterior declive fueron el surgimiento del espíritu nacionalista en varias de
las naciones europeas derrotadas y la persistente oposición de Gran Bretaña,
que, a salvo ya de una invasión gracias a la superioridad de su armada, no cesó
de organizar y financiar nuevas coaliciones contra Napoleón.
España fue la primera
nación en la que Bonaparte tuvo que hacer frente a las insurrecciones
nacionalistas que provocaron su caída. El emperador francés, después de haber
destronado al rey Carlos IV de España, nombró a su hermano José Bonaparte rey
de este país en 1808. Los españoles se rebelaron y expulsaron al nuevo
gobernante de Madrid. Se desató la guerra de la Independencia española
(1808-1814) entre los franceses, que intentaban restaurar a José I Bonaparte en
el trono, y los españoles, apoyados por las fuerzas británicas mandadas por
Arthur Colley Wellesley, duque de Wellington. Los franceses fueron derrotados, y
el número de bajas que sufrieron perjudicó seriamente a Napoleón cuando se
vio obligado a hacer frente a sus nuevos enemigos del este y el norte de Europa.
Su primera oponente era Austria, que se unió a Gran Bretaña para formar la
Quinta Coalición en 1809. El emperador francés derrotó a los austriacos en
Wagram (julio de 1809) y les obligó a firmar el Tratado de Viena, por el cual
Austria perdió Salzburgo, parte de Galitzia y grandes áreas de sus territorios
del sur de Europa. Asimismo, se divorció de su primera mujer y contrajo
matrimonio con la hija de Francisco II de Austria, con la vana esperanza de que
este país no participara en nuevas coaliciones contra él.
LA
DERROTA DE NAPOLEÓN
En 1812, Francia y Rusia
entraron en guerra porque Alejandro I se negaba a aplicar el Sistema
Continental. Dado que gran parte de sus hombres se encontraban en España,
Napoleón invadió Rusia sólo con 500.000 hombres. Derrotó a los rusos en
Borodino y conquistó Moscú el 14 de septiembre de 1812. Los rusos invadieron
la ciudad, impidiendo así a las tropas francesas establecer allí cuarteles de
invierno. Abandonaron Rusia y se adentraron en Alemania, pero la mayoría de los
hombres murieron a lo largo del camino a causa del frío, el hambre y los
ataques de la guerrilla rusa. El Imperio Ruso se unió entonces a la Quinta
Coalición, de la que también formaban parte Prusia, Gran Bretaña y Suecia.
Prusia, en un estallido de fervor nacionalista provocado por las reformas políticas
y económicas que se habían implantado desde la derrota de Jena, inició la
guerra de Liberación contra Napoleón en 1813. Éste consiguió su última
victoria importante en la batalla de Dresde, donde el ejército francés derrotó
a las fuerzas conjuntas de Austria, Prusia y Rusia el 27 de agosto de 1813. Sin
embargo, durante el mes de octubre, Napoleón se vio forzado a replegarse sobre
el Rin tras la batalla de Leipzig, quedando liberados los estados alemanes. Los
ejércitos rusos, austriacos y prusianos invadieron Francia desde el norte al año
siguiente y tomaron París en marzo de 1814; Napoleón abdicó y hubo de
exiliarse en la isla de Elba, situada en el mar Mediterráneo.
Los miembros de la Quinta
Coalición se reunieron en el Congreso de Viena para restaurar a las monarquías
que Napoleón había derrocado en Europa. Sin embargo, mientras trazaban el
nuevo mapa europeo, Bonaparte consiguió escapar de Elba, se dirigió a Francia,
donde se apresuró a formar un ejército; tras vencer en Ligny y fracasar en
Quatre-Bras, el 18 de junio de 1815 fue definitivamente derrotado en la batalla
de Waterloo. Las
tropas prusianas, rusas, austriacas y británicas se reunieron cerca de Waterloo
(en Bélgica en la actualidad), donde derrotaron a los ejércitos de Napoleón y
pusieron fin a su reinado en Europa. Éste firmó su abdicación definitiva el
22 de junio de 1815 y fue confinado a la isla de Santa Elena, en el sur del Atlántico.
Con la batalla de Waterloo, se puso fin a las Guerras Napoleónicas.

Hulton
Deutsch
Retirada
de Napoleón en Waterloo
La
batalla de Waterloo del 18 de junio de 1815 alteró el equilibrio de poder en
Europa. Las tropas de Napoleón fueron definitivamente derrotadas por los ejércitos
aliados de Gran Bretaña, los Países Bajos, Hannover y Bélgica. Sólo la
valiente actuación de la Vieja Guardia permitió escapar a Napoleón.
CONCLUSIONES
En un principio, las Guerras
Napoleónicas perpetuaron el conflicto ideológico entre la Francia
revolucionaria y la Europa del Antiguo Régimen. No obstante, las ambiciones del
propio Napoleón se convirtieron en la causa principal del conflicto. Su afán
expansionista se combinó con su talento como estratega y su audacia para asumir
riesgos calculados.
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Bloqueo, operación
naval dirigida por un país en guerra con el propósito de cerrar al comercio
exterior los puertos vitales de un país enemigo, de tal modo que sirva a la
derrota militar de ese país al cortarle su acceso a los suministros y a las
comunicaciones externas. En 1805, durante las Guerras Napoleónicas, Francia
declaró un bloqueo contra las Islas Británicas. Gran Bretaña respondió
declarando el bloqueo de toda la Europa continental. Ninguno de los países
contendientes contaba, sin embargo, con suficiente número de navíos como para
llevarlos a cabo. Tales operaciones, conocidas como 'bloqueos de papel', eran
meras excusas para la captura de buques neutrales. En la actualidad, para que un
bloqueo sea válido (pues constituye un acto legal de guerra) según el Derecho
internacional, debe cumplir las siguientes condiciones: ha de ser ordenado por
el soberano o por la autoridad bélica de una potencia beligerante; ha de ser
efectivo, y los países neutrales deben ser notificados del bloqueo para que sus
navíos cuenten con un tiempo razonable en el que puedan abandonar las aguas del
país bloqueado. Si un navío neutral intenta romper el bloqueo una vez
concluido ese tiempo, el navío y el cargamento pueden ser incautados de acuerdo
con la ley, sin que se pueda infligir pena alguna a la tripulación. Los barcos
de guerra neutrales en misión diplomática y los barcos en peligro por lo
general reciben permiso para entrar en los puertos bloqueados.
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A pesar de la victoria sobre los franceses en la batalla del Nilo (1789), Gran Bretaña no pudo frenar el avance de los franceses en Europa. Los planes de Napoleón de invadir Gran Bretaña se frustraron con la victoria naval de Horacio Nelson en Trafalgar (1805); Napoleón intentó entonces conducir a Gran Bretaña a la bancarrota con una política de bloqueo comercial llamada Sistema Continental. Las dificultades en llevar a cabo el bloqueo motivaron la invasión de Rusia en 1812, que condujo a que se formase la Cuarta Coalición (Gran Bretaña, Rusia, Austria y Prusia) y a la caída de Napoleón dos años más tarde. La aportación británica más destacada fue la desarrollada por Arthur Colley Wellesley, duque de Wellington que luchó en España (1809-1813) y que fue un general británico célebre por su victoria sobre Napoleón en la batalla de Waterloo en 1815.

Wellington,
nació en Dublín el 1 de mayo de 1769 y estudió en el Eton College y en la Academia Militar francesa de Angers. Sirvió como alférez del Ejército británico en 1787 y fue elegido miembro del Parlamento irlandés en 1790. Durante la guerra de la Primera Coalición (que enfrentó al régimen salido de la Revolución Francesa contra una alianza formada por la mayoría de los países europeos, desde 1793 hasta 1797), participó en la desafortunada campaña librada contra las fuerzas francesas en los Países Bajos en 1794 y 1795. En 1796, Wellesley, que había ascendido a coronel, se trasladó a la India, donde su hermano, Richard Colley Wellesley, fue nombrado gobernador general en 1797. Participó en varias campañas militares; en la batalla de Assaye de 1803 venció a los mahrattas de Peshwa, tras haber alcanzado el grado de general, y logró pacificar la región. Regresó a Gran Bretaña en 1805, donde se le concedió el título de sir y fue elegido miembro del Parlamento británico.
Wellesley tomó parte en las denominadas Guerras Napoleónicas. Luchó en las campañas emprendidas contra Francia y sus aliados en Hannover (1805-1806) y Dinamarca (1807). En 1808, tras cancelar sus preparativos de enviar una flota para liberar a las colonias americanas del dominio español, recibió el mando de las tropas británicas enviadas a Portugal; fue allí donde, en 1810, utilizó por primera vez su estrategia consistente en devastar el terreno que se dejaba atrás a medida que avanzaban las tropas. Durante la guerra de la Independencia española (1808-1814), que concluyó con la expulsión de los ejércitos de Napoleón de toda la península Ibérica, las fuerzas de Wellesley obtuvieron una serie de victorias decisivas, sobre todo en Talavera de la Reina (1809), Ciudad Rodrigo (1812), Badajoz (1812), Arapiles (que, el 22 de julio de 1812, abrió el camino hacia Madrid, la cual también tomó ese año), Vitoria (1813) y en la ciudad francesa de Toulouse, donde derrotó finalmente a los ejércitos napoleónicos (1814). Wellesley, destacado miembro del que pocos años después sería el Partido Conservador británico, se opuso durante estas campañas a las Cortes de Cádiz y a la Constitución promulgada en 1812 por éstas, manteniéndose partidario de la restauración del absolutismo del rey Fernando VII, pese a lo cual, y debido a sus triunfos militares, recibió el rango de generalísimo del Ejército español y los títulos de vizconde de Talavera y duque de Ciudad Rodrigo. En 1814, se le otorgó el título británico de duque de Wellington.
Fue uno de los representantes británicos en el Congreso de Viena, convocado para rectificar las fronteras europeas creadas por Napoleón y consensuar un nuevo marco para las relaciones internacionales. Las deliberaciones de esta conferencia se vieron interrumpidas en febrero de 1815, al conocerse la huida de la isla de Elba llevada a cabo por Napoleón, que regresó a Francia y reanudó las hostilidades durante el denominado periodo de los Cien Días. Wellington asumió el mando del principal Ejército aliado. El 18 de junio de 1815, con el refuerzo de las tropas del mariscal de campo prusiano Gebhard Leberecht Blücher, derrotó definitivamente a Napoleón en la batalla de Waterloo. Permaneció en Francia durante tres años como jefe del Ejército aliado de ocupación.
Regresó a Gran Bretaña en 1818 y se le concedió un cargo en el gabinete tory presidido por Roberts Banks Jenkinson, segundo conde de Liverpool. En esta época, ayudó a los exiliados españoles refugiados en Inglaterra, al considerarlos excombatientes de las guerras contra Napoleón. Abandonó su puesto gubernamental en 1827, cuando pasó a ser comandante en jefe del Ejército británico. El rey Jorge IV insistió en su nombramiento como primer ministro, en 1828. Durante su mandato, Wellington se granjeó la enemistad de los elementos más conservadores del partido tory debido a la promulgación de la Ley de Emancipación Católica en 1829. Poco después, provocó la irritación del electorado británico por oponerse a la reforma parlamentaria, lo que le obligó a dimitir y provocó la formación de un gabinete whig en 1830. Mantuvo su escaño de diputado y volvió a ocupar brevemente el cargo de primer ministro en 1834; cuando los tories regresaron al poder, pasó a ser ministro de Asuntos Exteriores (1834-1835) dentro del gabinete de Robert Peel. Resultó de nuevo nombrado comandante en jefe del Ejército británico en 1842, función que desempeñó hasta su fallecimiento, que tuvo lugar en Walmer Castle (Kent), el 14 de septiembre de 1852. Fue enterrado en la catedral de Saint Paul de Londres.
Hulton Deutsch
Horacio Nelson
(1758-1805), almirante británico, sus victorias en las batallas del Nilo y
Trafalgar, obtenidas durante las llamadas Guerras Napoleónicas, le convirtieron
en un héroe nacional.
Nació
en la localidad de Burnham Thorpe, en el condado inglés de Norfolk, el 29 de
septiembre de 1758. Ingresó en la Armada Real en 1770 y sirvió bajo las órdenes
de su tío, el capitán Maurice Suckling. Adquirió una gran experiencia naval
durante los años siguientes, en los que navegó en un buque mercante, participó
en una expedición al océano Glacial Ártico y recorrió las rutas marítimas
de las Indias Orientales y Occidentales. Fue ascendido a capitán hacia 1779, y
sirvió en las Indias Occidentales (Antillas) al año siguiente. Se le encargó
instruir al príncipe Guillermo —quien en 1830 accedería al trono británico
como Guillermo IV— en tácticas navales. Nelson completó sus estudios sobre
esta materia en Francia y en 1784 se le asignó el mando de la fragata británica
Boreas, estacionada en la isla antillana de Antigua (que en la actualidad forma
parte del Estado de Antigua y Barbuda). Durante su estancia en esta zona,
contrajo matrimonio en 1787 con Frances Nisbet.
Nelson
estuvo al servicio de la Armada británica en la época en que se produjeron la
Revolución Francesa y las posteriores Guerras Napoleónicas. Mientras navegaba
a las órdenes del contralmirante Samuel Hood en 1793, participó en la ocupación
de la ciudad francesa de Tolón llevada a cabo por fuerzas británicas y españolas.
Conoció a Emma Hamilton, esposa del embajador británico en Nápoles, en el
transcurso de una visita a esta ciudad, desde la cual partió con tropas para
ayudar a los británicos destacados en Tolón. Poco después, lady Hamilton pasó
a ser la amante de Nelson, cuya carrera se vio considerablemente influida por
los consejos y ayuda de dicha dama. Una vez que los aliados británicos fueron
expulsados de Tolón por el entonces general Napoleón Bonaparte, ayudó a Hood
a tomar las ciudades corsas de Bastia y Calvi y a conquistar la isla de Córcega
en 1794. Durante el sitio de Calvi resultó herido en el ojo derecho, del que
finalmente perdió la visión.
Fue
nombrado comodoro en 1796, el mismo año en que España cambió su alianza a raíz
de la firma con Francia del Tratado de San Ildefonso. En 1797 tuvo una destacada
intervención en la batalla que tuvo lugar frente a las costas portuguesas del
cabo de San Vicente y concluyó con la victoria de la flota británica,
capitaneada por John Jervis —más tarde conde de San Vicente—, sobre una
flota española. En julio de ese año, al mando de una flota de pequeñas
embarcaciones, Nelson dirigió un imprudente ataque a la ciudad de Santa Cruz de
Tenerife, situada en las españolas islas Canarias; la ofensiva fracasó y fue
herido en el brazo derecho, que hubo de amputársele más tarde. Un año después
se le encargó descubrir el motivo por el que la flota francesa se hallaba
concentrada en Tolón. Las naves de Nelson se dispersaron a causa de una
tormenta que se desató mientras exploraban la costa, y los franceses zarparon
antes de que los británicos pudieran reagruparse en la posición prevista.
Nelson descubrió que esta escuadra había partido hacia el este para
transportar a las tropas de Napoleón Bonaparte, que preparaba la invasión de
Egipto, y siguió el mismo rumbo.
La flota francesa desembarcó en la bahía egipcia de Abukir antes de que Nelson la alcanzara. Los británicos destruyeron la mayor parte de las embarcaciones francesas en la batalla del Nilo, el 1 y el 2 de agosto de 1798, cortando la línea de abastecimiento de Napoleón con Francia, lo que finalmente motivó que el militar francés se retirara de Oriente Próximo a pesar de los triunfos militares allí conseguidos. A continuación, Nelson se dirigió a Nápoles, en donde la familia real había sido expulsada por los franceses y por el propio pueblo napolitano, simpatizante de la Revolución Francesa. Tras una brillante campaña que culminó con la restauración de la monarquía, fue nombrado duque de Bronte (1800) por el rey de Nápoles y futuro rey de las Dos Sicilias, Fernando I de Borbón, en reconocimiento por sus servicios. Regresó a Gran Bretaña y se separó de su esposa al año siguiente.

|
Corbis Batalla
del Nilo En
agosto de 1798, una flota francesa, al mando del vicealmirante François
Paul Brueys d'Aigailliers, resultó derrotada a manos de la comandada
por el almirante británico Horacio Nelson, en la denominada batalla del
Nilo, que tuvo lugar en la bahía egipcia de Abukir. |
Nelson
fue nombrado vicealmirante en 1801 y pasó a estar bajo las órdenes del
almirante Hyde Parker cuando éste recibió el mando de la flota enviada al mar
Báltico para obligar a Dinamarca y Suecia a interrumpir su ayuda económica a
Francia. Nelson, aunque era el segundo de a bordo, se hizo cargo de las
operaciones y destruyó la flota danesa estacionada en el puerto de la capital
durante la batalla de Copenhague, que tuvo lugar en abril de ese año. Fue
nombrado vizconde pocos meses después.
Nelson
se encontraba en Inglaterra cuando se firmó la Paz de Amiens que en marzo de
1802 puso fin temporalmente a la lucha entre Gran Bretaña y Francia. Cuando se
reanudó la guerra en 1803, se le asignó el mando de la flota británica del
Mediterráneo. Bloqueó Tolón, en donde se encontraban numerosas naves
francesas, dirigidas desde 1804 por el vicealmirante Pierre Charles de
Villeneuve y preparadas desde un año antes para invadir las islas Británicas.
Consiguió retener a los franceses en esa base naval durante dos años, pero
lograron escapar en 1805 y se dirigieron hacia las Antillas. Nelson inició la
persecución, pero el enemigo consiguió evitarle y regresar a Europa.
Los franceses se refugiaron en el puerto español de Cádiz, donde se les unieron más navíos españoles. Los británicos bloquearon la ciudad, pero Villeneuve consiguió salir del puerto y plantar batalla frente a las costas del cabo de Trafalgar (en la actual provincia de Cádiz). Nelson aniquiló a la flota francesa y española en la batalla que allí se desarrolló el 21 de octubre de 1805, dirigiendo él mismo el ataque desde el buque insignia Victory; no obstante, fue herido de muerte y falleció poco después de que sus fuerzas obtuvieran el definitivo triunfo. Esta victoria británica puso fin a los planes para invadir Gran Bretaña del ya emperador de los franceses Napoleón I Bonaparte y garantizó la supremacía naval británica durante los cien años siguientes.
La
muerte del almirante Horacio Nelson, uno de los grandes héroes británicos, se
produjo a sus 47 años, cuando fue abatido en la cubierta del Victory durante la
batalla
de Trafalgar. Resultó herido de muerte en un hombro y en el pecho por un marino
francés que disparó desde el mástil del Temible. THE BETTMANN ARCHIVE
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Las
naciones europeas desarrollaron muchos tipos de buques de vela. La carabela, típica
de Portugal y España, era una embarcación pequeña, por lo general de 113 t de
peso muerto (capacidad de carga), aunque en algunas ocasiones era mayor o más
pequeña. La carabela tenía una proa extensa y un castillo de popa elevado y
estrecho. Se aparejaba con tres o cuatro mástiles de los que sólo el trinquete
llevaba una vela cuadra, los otros palos portaban velas latinas. Los buques en
los que Cristóbal Colón emprendió sus célebres viajes fueron carabelas.
La nave de guerra europea característica durante los siglos XVI y XVII fue la que se dio en llamar buque mayor, que contaba con cuatro o cinco palos y castillos elevados de proa y popa, así como dos o tres niveles de cañones. Estos buques alcanzaban desplazamientos de 900 t o más y llevaban por lo menos 60 cañones. Más tarde, el armamento se aumentó —de forma muy destacada en la marina británica— de tal manera que barcos con 100 cañones no resultaban insólitos. El buque insignia del almirante británico Horatio Nelson, el HMS Victory, construido a mediados del siglo XVIII, tipificaba el gran buque de guerra de este periodo. El Victory tenía 56,7 m (186 pies) de eslora, 15,9 m (52 pies) de manga y un desplazamiento de 2.197 t. Los modelos más ligeros de buques de guerra eran la fragata y la corbeta, con 36 cañones o menos, a menudo montados todos en la cubierta y no bajo esta superficie como en los buques mayores. Otros buques de guerra pequeños de los siglos XVIII y XIX eran los bergantines, bergantines-goleta, goletas, cúteres y lugres.

Liz
Stares/Collections
El
navío Victory
El
navío británico Victory, buque insignia del almirante Horatio Nelson en la
batalla de Trafalgar en 1805, es el barco más famoso en toda la historia de la
marina británica. En la actualidad está fondeado permanentemente en los
muelles de la ciudad de Portsmouth.
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La
era de la exploración y el nacionalismo, que comenzó en el siglo XV, coincidió
con el desarrollo de barcos a vela más grandes y manejables, así como con la
invención de la pólvora y de los instrumentos de navegación, que abrieron a
los marinos la posibilidad de aventurarse hasta perder de vista la costa. El
descubrimiento de las rutas marítimas que conducían a India, China y las
Indias en los siglos XV y XVI, aumentó el volumen del comercio, y las
rivalidades nacionales por el control de esas rutas crearon la necesidad de las
armadas. Hasta el fin del siglo XVIII Portugal, España, Holanda, Francia y Gran
Bretaña se vieron comprometidas de una manera casi permanente en guerras marítimas,
por el dominio de los mares y el control de las rutas comerciales, vitales para
el contacto de las colonias ultramarinas con la metrópoli. Gran Bretaña resultó
victoriosa en esa lucha y, tras derrotar a la flota combinada hispano-francesa
en la batalla de Trafalgar en 1805, durante las Guerras Napoleónicas, mantuvo
su hegemonía durante más de un siglo.
Durante las grandes contiendas marítimas y entrada ya la segunda mitad del siglo XIX, los barcos de guerra de madera se hicieron más grandes y mucho mejor armados, llegando a contar algunos de ellos con 120 cañones. Entonces se creó una jerarquía regular de oficiales navales profesionales, desde guardiamarina a almirante. También se crearon agencias gubernamentales como almirantazgos y departamentos de Marina, para la cada vez más compleja administración de esas armadas
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BIBLIOGRAFÍA
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André. Bonaparte. 2 vols. Madrid: Espasa-Calpe, S.A., 1982. Esta monumental biografía del
emperador francés resulta referencia esencial en cualquier repertorio bibliográfico
relacionado con la Europa sobre la que aquél actuó militar y políticamente.
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aunque excede el marco cronológico de las Guerras Napoleónicas las sitúa en
su más certero contexto histórico.
Godechot, Jacques. Europa y América en la época
napoleónica (1800-1815). Barcelona: Labor, 2ª ed., 1976. Uno de los grandes
investigadores del periodo napoleónico acerca en esta gran obra aquella época
incluyendo en su análisis la influencia de la coyuntura europea en el
continente americano. Cuenta asimismo con 30 páginas de bibliografía.
Rudé, George. La Europa revolucionaria, 1783-1815.
Madrid: Siglo XXI de España Editores, S.A., 8ª ed., 1988. Un libro
imprescindible para conocer con profundidad el conjunto de las guerras que
enfrentaron a la Francia revolucionaria con el resto de potencias europeas. Son
de gran utilidad sus 10 páginas de mapas.
Ségur, Comte de. La derrota de Napoleón en Rusia.
Madrid: Los Amigos de la Historia, 1972. Reedición de una obra en la que la
decisiva campaña rusa es descrita por el propio ayudante de campo de Napoleón
I.
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Editorial Crítica, 1992. Notable visión general de los años napoleónicos a
cargo de un gran especialista en la Francia revolucionaria. Dedica un gran
espacio al repertorio bibliográfico.
Woolf, Stuart. La Europa napoleónica. Barcelona:
Editorial Crítica, 1992. Magnífica síntesis de la convulsa época europea de
comienzos del siglo XIX.
Wright, D. G. La Europa napoleónica. Madrid: Alianza
Editorial, S.A., 1999. Breve pero excelente aproximación al periodo napoleónico.
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