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LAS Guerras Napoleónicas  

 

Napoleón I Bonaparte

G. Tomsich/Photo Researchers, Inc.

Napoleón Bonaparte fue el genio militar más brillante del siglo XIX, pero también una de sus figuras más controvertidas. Conquistó la mayor parte de Europa occidental para Francia e instituyó reformas en estos nuevos territorios a fin de garantizar las libertades civiles y mejorar la calidad de vida. Fue coronado emperador de Francia en 1804 y estimuló al país implantando reformas para unificar a la nación, dividida por la revolución; muchas de las cuales perduran en la actualidad, como son las garantías referentes a las libertades civiles.

A partir de 1790 las guerras de la Revolución Francesa se mezclaron con las Guerras Napoleónicas cuando Napoleón Bonaparte se hizo con el poder en Francia.  Napoleón libró unas serie de guerras, como continuación de la Revolución Francesa, contra una alianza de varias monarquías europeas cuyos gobernantes temían que la popularidad de las reformas democráticas francesas se extendiera a otros países. Así pues, Austria, Gran Bretaña, Prusia, España, los Países Bajos y el reino de Cerdeña formaron la Primera Coalición, cuyo objetivo era derrotar a Napoleón y restaurar a la nobleza en el trono francés.

INTRODUCCIÓN

Guerras Napoleónicas, serie de guerras libradas entre Francia y varias naciones europeas desde 1799 hasta 1815. En 1799, Francia quedó bajo el dominio de Napoleón, coronado emperador de Francia en 1804 con el nombre de Napoleón I Bonaparte. Estos enfrentamientos militares fueron una continuación de las guerras mantenidas por Francia en Europa durante la Revolución Francesa (1789-1799).

LA PRIMERA COALICIÓN

Durante la guerra de la Primera Coalición (1793-1797), Francia luchó contra la alianza formada por Austria, Prusia, Gran Bretaña, España, las Provincias Unidas (actuales Países Bajos) y el reino de Cerdeña. El gobierno francés —el Directorio— confió a Napoleón la dirección de las operaciones militares contra las tropas austriacas en el norte de Italia en 1796. En menos de un año, Napoleón había vencido a las fuerzas de Austria, superiores en número. En 1798, se le asignó el mando de una expedición que tenía como objetivo conquistar Egipto para cortar la ruta británica a la India. La invasión fracasó tras la batalla del Nilo y Napoleón regresó a Francia. Aunque ambas campañas se produjeron durante el régimen del Consulado, antes de la asunción del poder por Bonaparte, suelen ser consideradas como la primera fase de las Guerras Napoleónicas. Fue en ellas donde el líder francés desplegó por primera vez a gran escala su talento como jefe militar.

LA SEGUNDA COALICIÓN

La victoria de Napoleón en la campaña contra los austriacos en el norte de Italia puso fin a la Primera Coalición. No obstante, durante su estancia en Egipto se formó la Segunda Coalición (24 de diciembre de 1798) integrada por Rusia, Gran Bretaña, Austria, el reino de Nápoles, Portugal y el Imperio otomano. Las batallas principales de la guerra de la Segunda Coalición, que se inició a finales de 1798, tuvieron lugar en el norte de Italia y en Suiza al año siguiente. Los austriacos y los rusos, dirigidos por el general Alexander Suvórov, vencieron a los franceses en el norte de Italia en las batallas de Magnano (5 de abril de 1799), Cassano (27 de abril), el Trebbia (17-19 de junio) y Novi (el 15 de agosto). La Coalición también tomó Milán; abolió la República Cisalpina, que se había constituido bajo los auspicios del gobierno francés en 1797; ocupó Turín y privó a Francia de sus anteriores conquistas en Italia. El resultado de la lucha en Suiza fue más favorable para los franceses. Tras ser derrotados en Zurich (7 de junio) por Carlos de Habsburgo, archiduque de Austria, las fuerzas francesas dirigidas por el general André Masséna vencieron a las tropas rusas del general Alexander Korsakov el 26 de septiembre. Suvórov y sus fuerzas abandonaron el norte de Italia atravesando los Alpes para unirse a Korsakov en Suiza, donde sus tropas se habían dispersado tras ser vencidas. El ejército de Suvórov hubo de refugiarse en las montañas del cantón de los Grisones, donde quedó diezmado a causa del frío y el hambre. Los rusos se retiraron de la Segunda Coalición el 22 de octubre alegando como motivo la falta de cooperación de los austriacos.

Cuando Napoleón regresó a Francia procedente de Egipto en octubre de 1799, pasó a ser el líder del Consulado y ofreció la paz a los aliados. La Coalición rechazó esta propuesta y Napoleón planeó una serie de ataques contra Austria para la primavera de 1800. Bonaparte se adentró en Italia cruzando los Alpes con un nuevo ejército formado por 40.000 hombres y venció a los austriacos en la batalla de Marengo el 14 de junio. Mientras tanto, las tropas francesas del general Jean Víctor Moreau habían penetrado en el sur de Alemania atravesando el Rin y tomando Munich. Moreau también había derrotado a las fuerzas austriacas del archiduque de Austria Juan de Habsburgo en la batalla de Hohenlinden, que tuvo lugar en Baviera el 3 de diciembre, y se había aproximado a la ciudad de Linz (Austria). Las victorias francesas obligaron a firmar a Austria el Tratado de Lunéville el 9 de febrero de 1801, por el que Austria y sus aliados alemanes cedían la orilla izquierda del río Rin a Francia y reconocían a las repúblicas Bátava, Helvética, Cisalpina y Ligur, además de realizar otras concesiones. Asimismo, este tratado marcó la disolución de la Segunda Coalición. El único aliado que continuó la lucha contra Francia fue Gran Bretaña. Las tropas británicas se habían enfrentado sin éxito contra las francesas en territorio holandés en 1799, pero habían conquistado algunas posesiones francesas de Asia y otros lugares. Gran Bretaña firmó el 27 de marzo de 1802 la Paz de Amiens con Francia.

No obstante, esta paz resultó ser una mera suspensión de las hostilidades. En 1803 se produjo una disputa entre ambos países a propósito de la cláusula del acuerdo que establecía la restitución de la isla de Malta a la orden de los Caballeros de San Juan de Jerusalén. Gran Bretaña se negó a entregar la isla, por lo que estalló una nueva guerra contra los franceses. Una importante consecuencia de este conflicto fue que Napoleón abandonó su proyecto de establecer un gran imperio colonial francés en Norteamérica, al verse obligado a concentrar sus recursos en Europa. Así pues, vendió Luisiana a Estados Unidos. En 1805, Austria, Rusia y Suecia se unieron al conflicto en apoyo del bando británico, y España se alió con Francia; este fue el inicio de la guerra de la Tercera Coalición.

LA TERCERA COALICIÓN

Napoleón se apresuró a tomar medidas contra la nueva alianza. Había ejercido una gran presión sobre Gran Bretaña desde 1798 al mantener a un ejército concentrado en Boulogne —a orillas del canal de la Mancha—, que hacía pensar a los británicos que se preparaba una invasión de Inglaterra. Bonaparte aumentó considerablemente el número de fuerzas destacadas en Boulogne cuando comenzaron las disensiones que hicieron estallar la guerra en 1803. Tras la formación de la Tercera Coalición contra Francia, sus tropas abandonaron Boulogne para enfrentarse a los austriacos, que habían invadido Baviera con un ejército dirigido por Fernando III, el gran duque de la Toscana, y el general Karl Mack von Leiberich. Varios estados alemanes, entre los que se contaban Baviera, Württemberg y Baden, se aliaron con Francia. Napoleón derrotó a las fuerzas de Austria en Ulm, capturó a 23.000 prisioneros y, a continuación, marchó con sus tropas a lo largo del Danubio y conquistó Viena. Los ejércitos rusos liderados por el general Mijaíl Kutúzov y Alejandro I, emperador de Rusia, respaldaron a los austriacos, pero Bonaparte venció a las fuerzas austro-rusas en la batalla de Austerlitz, también denominada de los Tres Emperadores. Austria se rindió nuevamente y firmó el Tratado de Presburgo el 26 de diciembre de 1805. Una de las cláusulas del acuerdo estipulaba que Austria debía entregar a Francia la zona del norte de Italia y a Baviera parte del propio territorio austriaco; asimismo, Austria reconoció a los ducados de Württemberg y Baden como reinos.

LA CONFEDERACIÓN DEL RIN

Dado que las tropas del general Masséna habían derrotado al ejército austriaco mandado por Carlos de Habsburgo en Italia, Napoleón aprovechó esta situación para nombrar a su hermano, José I, rey de Nápoles en 1806; asimismo, nombró a otro de sus hermanos, Luis I Bonaparte, rey de Holanda (la antigua República Bátava); el 12 de julio estableció la Confederación del Rin, constituida finalmente por todos los estados alemanes a excepción de Austria, Prusia, Brunswick y Hesse. La formación de esta entidad política puso fin al Sacro Imperio Romano Germánico y casi toda Alemania quedó bajo el control de Bonaparte. No obstante, los éxitos en el continente quedaron contrarrestados en gran medida por la derrota que el almirante británico Horacio Nelson infligió a la fuerza conjunta de la flota francesa y española frente a las costas del cabo de Trafalgar el 21 de octubre de 1805. Napoleón implantó en 1806 el denominado Sistema Continental por el que los puertos de toda Europa quedaban cerrados al comercio británico. La superioridad naval de los británicos dificultó la aplicación del Sistema Continental e hizo fracasar la política económica europea de Bonaparte.

LA CUARTA COALICIÓN

Prusia, ante el incremento de poder de Francia en Alemania, se unió a la Cuarta Coalición compuesta por Gran Bretaña, Rusia y Suecia en 1806. Bonaparte aplastó a las tropas prusianas en la batalla de Jena el 14 de octubre de ese mismo año y tomó Berlín. A continuación, derrotó a los rusos en la batalla de Friedland y obligó a firmar la paz a Alejandro I. De acuerdo con las principales condiciones del Tratado de Tilsit, Rusia tuvo que entregar sus posesiones polacas y aliarse con Francia, mientras que Prusia perdió casi la mitad de su territorio, tuvo que hacer frente a cuantiosas indemnizaciones y se le impusieron severas restricciones al tamaño de su ejército permanente. Rusia y Dinamarca emprendieron una acción militar contra Suecia que obligó a su monarca, Gustavo IV Adolfo, a abdicar en favor de su tío, Carlos XIII, a condición de que éste nombrara como su heredero al general Jean Baptiste Jules Bernadotte, uno de los mariscales de Napoleón. Bernadotte fue coronado en 1818 con el nombre de Carlos XIV Jean-Baptiste Bernadotte y fue el fundador de la dinastía actual sueca.

EL NACIONALISMO ANTINAPOLEÓNICO

En 1808, Napoleón dominaba toda Europa, a excepción de Rusia y Gran Bretaña. Las principales razones del posterior declive fueron el surgimiento del espíritu nacionalista en varias de las naciones europeas derrotadas y la persistente oposición de Gran Bretaña, que, a salvo ya de una invasión gracias a la superioridad de su armada, no cesó de organizar y financiar nuevas coaliciones contra Napoleón.

España fue la primera nación en la que Bonaparte tuvo que hacer frente a las insurrecciones nacionalistas que provocaron su caída. El emperador francés, después de haber destronado al rey Carlos IV de España, nombró a su hermano José Bonaparte rey de este país en 1808. Los españoles se rebelaron y expulsaron al nuevo gobernante de Madrid. Se desató la guerra de la Independencia española (1808-1814) entre los franceses, que intentaban restaurar a José I Bonaparte en el trono, y los españoles, apoyados por las fuerzas británicas mandadas por Arthur Colley Wellesley, duque de Wellington. Los franceses fueron derrotados, y el número de bajas que sufrieron perjudicó seriamente a Napoleón cuando se vio obligado a hacer frente a sus nuevos enemigos del este y el norte de Europa. Su primera oponente era Austria, que se unió a Gran Bretaña para formar la Quinta Coalición en 1809. El emperador francés derrotó a los austriacos en Wagram (julio de 1809) y les obligó a firmar el Tratado de Viena, por el cual Austria perdió Salzburgo, parte de Galitzia y grandes áreas de sus territorios del sur de Europa. Asimismo, se divorció de su primera mujer y contrajo matrimonio con la hija de Francisco II de Austria, con la vana esperanza de que este país no participara en nuevas coaliciones contra él.

LA DERROTA DE NAPOLEÓN

En 1812, Francia y Rusia entraron en guerra porque Alejandro I se negaba a aplicar el Sistema Continental. Dado que gran parte de sus hombres se encontraban en España, Napoleón invadió Rusia sólo con 500.000 hombres. Derrotó a los rusos en Borodino y conquistó Moscú el 14 de septiembre de 1812. Los rusos invadieron la ciudad, impidiendo así a las tropas francesas establecer allí cuarteles de invierno. Abandonaron Rusia y se adentraron en Alemania, pero la mayoría de los hombres murieron a lo largo del camino a causa del frío, el hambre y los ataques de la guerrilla rusa. El Imperio Ruso se unió entonces a la Quinta Coalición, de la que también formaban parte Prusia, Gran Bretaña y Suecia. Prusia, en un estallido de fervor nacionalista provocado por las reformas políticas y económicas que se habían implantado desde la derrota de Jena, inició la guerra de Liberación contra Napoleón en 1813. Éste consiguió su última victoria importante en la batalla de Dresde, donde el ejército francés derrotó a las fuerzas conjuntas de Austria, Prusia y Rusia el 27 de agosto de 1813. Sin embargo, durante el mes de octubre, Napoleón se vio forzado a replegarse sobre el Rin tras la batalla de Leipzig, quedando liberados los estados alemanes. Los ejércitos rusos, austriacos y prusianos invadieron Francia desde el norte al año siguiente y tomaron París en marzo de 1814; Napoleón abdicó y hubo de exiliarse en la isla de Elba, situada en el mar Mediterráneo.

Los miembros de la Quinta Coalición se reunieron en el Congreso de Viena para restaurar a las monarquías que Napoleón había derrocado en Europa. Sin embargo, mientras trazaban el nuevo mapa europeo, Bonaparte consiguió escapar de Elba, se dirigió a Francia, donde se apresuró a formar un ejército; tras vencer en Ligny y fracasar en Quatre-Bras, el 18 de junio de 1815 fue definitivamente derrotado en la batalla de Waterloo. Las tropas prusianas, rusas, austriacas y británicas se reunieron cerca de Waterloo (en Bélgica en la actualidad), donde derrotaron a los ejércitos de Napoleón y pusieron fin a su reinado en Europa. Éste firmó su abdicación definitiva el 22 de junio de 1815 y fue confinado a la isla de Santa Elena, en el sur del Atlántico. Con la batalla de Waterloo, se puso fin a las Guerras Napoleónicas.  

 

Hulton Deutsch

Retirada de Napoleón en Waterloo

La batalla de Waterloo del 18 de junio de 1815 alteró el equilibrio de poder en Europa. Las tropas de Napoleón fueron definitivamente derrotadas por los ejércitos aliados de Gran Bretaña, los Países Bajos, Hannover y Bélgica. Sólo la valiente actuación de la Vieja Guardia permitió escapar a Napoleón.

CONCLUSIONES

En un principio, las Guerras Napoleónicas perpetuaron el conflicto ideológico entre la Francia revolucionaria y la Europa del Antiguo Régimen. No obstante, las ambiciones del propio Napoleón se convirtieron en la causa principal del conflicto. Su afán expansionista se combinó con su talento como estratega y su audacia para asumir riesgos calculados.

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BLOQUEO CONTINENTAL

Bloqueo, operación naval dirigida por un país en guerra con el propósito de cerrar al comercio exterior los puertos vitales de un país enemigo, de tal modo que sirva a la derrota militar de ese país al cortarle su acceso a los suministros y a las comunicaciones externas. En 1805, durante las Guerras Napoleónicas, Francia declaró un bloqueo contra las Islas Británicas. Gran Bretaña respondió declarando el bloqueo de toda la Europa continental. Ninguno de los países contendientes contaba, sin embargo, con suficiente número de navíos como para llevarlos a cabo. Tales operaciones, conocidas como 'bloqueos de papel', eran meras excusas para la captura de buques neutrales. En la actualidad, para que un bloqueo sea válido (pues constituye un acto legal de guerra) según el Derecho internacional, debe cumplir las siguientes condiciones: ha de ser ordenado por el soberano o por la autoridad bélica de una potencia beligerante; ha de ser efectivo, y los países neutrales deben ser notificados del bloqueo para que sus navíos cuenten con un tiempo razonable en el que puedan abandonar las aguas del país bloqueado. Si un navío neutral intenta romper el bloqueo una vez concluido ese tiempo, el navío y el cargamento pueden ser incautados de acuerdo con la ley, sin que se pueda infligir pena alguna a la tripulación. Los barcos de guerra neutrales en misión diplomática y los barcos en peligro por lo general reciben permiso para entrar en los puertos bloqueados.

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Wellington y Nelson

A pesar de la victoria sobre los franceses en la batalla del Nilo (1789), Gran Bretaña no pudo frenar el avance de los franceses en Europa. Los planes de Napoleón de invadir Gran Bretaña se frustraron con la victoria naval de Horacio Nelson en Trafalgar (1805); Napoleón intentó entonces conducir a Gran Bretaña a la bancarrota con una política de bloqueo comercial llamada Sistema Continental. Las dificultades en llevar a cabo el bloqueo motivaron la invasión de Rusia en 1812, que condujo a que se formase la Cuarta Coalición (Gran Bretaña, Rusia, Austria y Prusia) y a la caída de Napoleón dos años más tarde. La aportación británica más destacada fue la desarrollada por Arthur Colley Wellesley, duque de Wellington que luchó en España (1809-1813) y que fue un general británico célebre por su victoria sobre Napoleón en la batalla de Waterloo en 1815. 

Wellington, nació en Dublín el 1 de mayo de 1769 y estudió en el Eton College y en la Academia Militar francesa de Angers. Sirvió como alférez del Ejército británico en 1787 y fue elegido miembro del Parlamento irlandés en 1790. Durante la guerra de la Primera Coalición (que enfrentó al régimen salido de la Revolución Francesa contra una alianza formada por la mayoría de los países europeos, desde 1793 hasta 1797), participó en la desafortunada campaña librada contra las fuerzas francesas en los Países Bajos en 1794 y 1795. En 1796, Wellesley, que había ascendido a coronel, se trasladó a la India, donde su hermano, Richard Colley Wellesley, fue nombrado gobernador general en 1797. Participó en varias campañas militares; en la batalla de Assaye de 1803 venció a los mahrattas de Peshwa, tras haber alcanzado el grado de general, y logró pacificar la región. Regresó a Gran Bretaña en 1805, donde se le concedió el título de sir y fue elegido miembro del Parlamento británico.
Wellesley tomó parte en las denominadas Guerras Napoleónicas. Luchó en las campañas emprendidas contra Francia y sus aliados en Hannover (1805-1806) y Dinamarca (1807). En 1808, tras cancelar sus preparativos de enviar una flota para liberar a las colonias americanas del dominio español, recibió el mando de las tropas británicas enviadas a Portugal; fue allí donde, en 1810, utilizó por primera vez su estrategia consistente en devastar el terreno que se dejaba atrás a medida que avanzaban las tropas. Durante la guerra de la Independencia española (1808-1814), que concluyó con la expulsión de los ejércitos de Napoleón de toda la península Ibérica, las fuerzas de Wellesley obtuvieron una serie de victorias decisivas, sobre todo en Talavera de la Reina (1809), Ciudad Rodrigo (1812), Badajoz (1812), Arapiles (que, el 22 de julio de 1812, abrió el camino hacia Madrid, la cual también tomó ese año), Vitoria (1813) y en la ciudad francesa de Toulouse, donde derrotó finalmente a los ejércitos napoleónicos (1814). Wellesley, destacado miembro del que pocos años después sería el Partido Conservador británico, se opuso durante estas campañas a las Cortes de Cádiz y a la Constitución promulgada en 1812 por éstas, manteniéndose partidario de la restauración del absolutismo del rey Fernando VII, pese a lo cual, y debido a sus triunfos militares, recibió el rango de generalísimo del Ejército español y los títulos de vizconde de Talavera y duque de Ciudad Rodrigo. En 1814, se le otorgó el título británico de duque de Wellington.
Fue uno de los representantes británicos en el Congreso de Viena, convocado para rectificar las fronteras europeas creadas por Napoleón y consensuar un nuevo marco para las relaciones internacionales. Las deliberaciones de esta conferencia se vieron interrumpidas en febrero de 1815, al conocerse la huida de la isla de Elba llevada a cabo por Napoleón, que regresó a Francia y reanudó las hostilidades durante el denominado periodo de los Cien Días. Wellington asumió el mando del principal Ejército aliado. El 18 de junio de 1815, con el refuerzo de las tropas del mariscal de campo prusiano Gebhard Leberecht Blücher, derrotó definitivamente a Napoleón en la batalla de Waterloo. Permaneció en Francia durante tres años como jefe del Ejército aliado de ocupación.
Regresó a Gran Bretaña en 1818 y se le concedió un cargo en el gabinete tory presidido por Roberts Banks Jenkinson, segundo conde de Liverpool. En esta época, ayudó a los exiliados españoles refugiados en Inglaterra, al considerarlos excombatientes de las guerras contra Napoleón. Abandonó su puesto gubernamental en 1827, cuando pasó a ser comandante en jefe del Ejército británico. El rey Jorge IV insistió en su nombramiento como primer ministro, en 1828. Durante su mandato, Wellington se granjeó la enemistad de los elementos más conservadores del partido tory debido a la promulgación de la Ley de Emancipación Católica en 1829. Poco después, provocó la irritación del electorado británico por oponerse a la reforma parlamentaria, lo que le obligó a dimitir y provocó la formación de un gabinete whig en 1830. Mantuvo su escaño de diputado y volvió a ocupar brevemente el cargo de primer ministro en 1834; cuando los tories regresaron al poder, pasó a ser ministro de Asuntos Exteriores (1834-1835) dentro del gabinete de Robert Peel. Resultó de nuevo nombrado comandante en jefe del Ejército británico en 1842, función que desempeñó hasta su fallecimiento, que tuvo lugar en Walmer Castle (Kent), el 14 de septiembre de 1852. Fue enterrado en la catedral de Saint Paul de Londres.

 Hulton Deutsch

Horacio Nelson (1758-1805), almirante británico, sus victorias en las batallas del Nilo y Trafalgar, obtenidas durante las llamadas Guerras Napoleónicas, le convirtieron en un héroe nacional.

Nació en la localidad de Burnham Thorpe, en el condado inglés de Norfolk, el 29 de septiembre de 1758. Ingresó en la Armada Real en 1770 y sirvió bajo las órdenes de su tío, el capitán Maurice Suckling. Adquirió una gran experiencia naval durante los años siguientes, en los que navegó en un buque mercante, participó en una expedición al océano Glacial Ártico y recorrió las rutas marítimas de las Indias Orientales y Occidentales. Fue ascendido a capitán hacia 1779, y sirvió en las Indias Occidentales (Antillas) al año siguiente. Se le encargó instruir al príncipe Guillermo —quien en 1830 accedería al trono británico como Guillermo IV— en tácticas navales. Nelson completó sus estudios sobre esta materia en Francia y en 1784 se le asignó el mando de la fragata británica Boreas, estacionada en la isla antillana de Antigua (que en la actualidad forma parte del Estado de Antigua y Barbuda). Durante su estancia en esta zona, contrajo matrimonio en 1787 con Frances Nisbet.

Nelson estuvo al servicio de la Armada británica en la época en que se produjeron la Revolución Francesa y las posteriores Guerras Napoleónicas. Mientras navegaba a las órdenes del contralmirante Samuel Hood en 1793, participó en la ocupación de la ciudad francesa de Tolón llevada a cabo por fuerzas británicas y españolas. Conoció a Emma Hamilton, esposa del embajador británico en Nápoles, en el transcurso de una visita a esta ciudad, desde la cual partió con tropas para ayudar a los británicos destacados en Tolón. Poco después, lady Hamilton pasó a ser la amante de Nelson, cuya carrera se vio considerablemente influida por los consejos y ayuda de dicha dama. Una vez que los aliados británicos fueron expulsados de Tolón por el entonces general Napoleón Bonaparte, ayudó a Hood a tomar las ciudades corsas de Bastia y Calvi y a conquistar la isla de Córcega en 1794. Durante el sitio de Calvi resultó herido en el ojo derecho, del que finalmente perdió la visión.

Fue nombrado comodoro en 1796, el mismo año en que España cambió su alianza a raíz de la firma con Francia del Tratado de San Ildefonso. En 1797 tuvo una destacada intervención en la batalla que tuvo lugar frente a las costas portuguesas del cabo de San Vicente y concluyó con la victoria de la flota británica, capitaneada por John Jervis —más tarde conde de San Vicente—, sobre una flota española. En julio de ese año, al mando de una flota de pequeñas embarcaciones, Nelson dirigió un imprudente ataque a la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, situada en las españolas islas Canarias; la ofensiva fracasó y fue herido en el brazo derecho, que hubo de amputársele más tarde. Un año después se le encargó descubrir el motivo por el que la flota francesa se hallaba concentrada en Tolón. Las naves de Nelson se dispersaron a causa de una tormenta que se desató mientras exploraban la costa, y los franceses zarparon antes de que los británicos pudieran reagruparse en la posición prevista. Nelson descubrió que esta escuadra había partido hacia el este para transportar a las tropas de Napoleón Bonaparte, que preparaba la invasión de Egipto, y siguió el mismo rumbo.

La flota francesa desembarcó en la bahía egipcia de Abukir antes de que Nelson la alcanzara. Los británicos destruyeron la mayor parte de las embarcaciones francesas en la batalla del Nilo, el 1 y el 2 de agosto de 1798, cortando la línea de abastecimiento de Napoleón con Francia, lo que finalmente motivó que el militar francés se retirara de Oriente Próximo a pesar de los triunfos militares allí conseguidos. A continuación, Nelson se dirigió a Nápoles, en donde la familia real había sido expulsada por los franceses y por el propio pueblo napolitano, simpatizante de la Revolución Francesa. Tras una brillante campaña que culminó con la restauración de la monarquía, fue nombrado duque de Bronte (1800) por el rey de Nápoles y futuro rey de las Dos Sicilias, Fernando I de Borbón, en reconocimiento por sus servicios. Regresó a Gran Bretaña y se separó de su esposa al año siguiente.

Corbis

Batalla del Nilo

En agosto de 1798, una flota francesa, al mando del vicealmirante François Paul Brueys d'Aigailliers, resultó derrotada a manos de la comandada por el almirante británico Horacio Nelson, en la denominada batalla del Nilo, que tuvo lugar en la bahía egipcia de Abukir.

Nelson fue nombrado vicealmirante en 1801 y pasó a estar bajo las órdenes del almirante Hyde Parker cuando éste recibió el mando de la flota enviada al mar Báltico para obligar a Dinamarca y Suecia a interrumpir su ayuda económica a Francia. Nelson, aunque era el segundo de a bordo, se hizo cargo de las operaciones y destruyó la flota danesa estacionada en el puerto de la capital durante la batalla de Copenhague, que tuvo lugar en abril de ese año. Fue nombrado vizconde pocos meses después.    

Nelson se encontraba en Inglaterra cuando se firmó la Paz de Amiens que en marzo de 1802 puso fin temporalmente a la lucha entre Gran Bretaña y Francia. Cuando se reanudó la guerra en 1803, se le asignó el mando de la flota británica del Mediterráneo. Bloqueó Tolón, en donde se encontraban numerosas naves francesas, dirigidas desde 1804 por el vicealmirante Pierre Charles de Villeneuve y preparadas desde un año antes para invadir las islas Británicas. Consiguió retener a los franceses en esa base naval durante dos años, pero lograron escapar en 1805 y se dirigieron hacia las Antillas. Nelson inició la persecución, pero el enemigo consiguió evitarle y regresar a Europa.  

Los franceses se refugiaron en el puerto español de Cádiz, donde se les unieron más navíos españoles. Los británicos bloquearon la ciudad, pero Villeneuve consiguió salir del puerto y plantar batalla frente a las costas del cabo de Trafalgar (en la actual provincia de Cádiz). Nelson aniquiló a la flota francesa y española en la batalla que allí se desarrolló el 21 de octubre de 1805, dirigiendo él mismo el ataque desde el buque insignia Victory; no obstante, fue herido de muerte y falleció poco después de que sus fuerzas obtuvieran el definitivo triunfo. Esta victoria británica puso fin a los planes para invadir Gran Bretaña del ya emperador de los franceses Napoleón I Bonaparte y garantizó la supremacía naval británica durante los cien años siguientes.

La muerte del almirante Horacio Nelson, uno de los grandes héroes británicos, se produjo a sus 47 años, cuando fue abatido en la cubierta del Victory durante la batalla de Trafalgar. Resultó herido de muerte en un hombro y en el pecho por un marino francés que disparó desde el mástil del Temible. THE BETTMANN ARCHIVE 

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LOS NAVÍOS

Las naciones europeas desarrollaron muchos tipos de buques de vela. La carabela, típica de Portugal y España, era una embarcación pequeña, por lo general de 113 t de peso muerto (capacidad de carga), aunque en algunas ocasiones era mayor o más pequeña. La carabela tenía una proa extensa y un castillo de popa elevado y estrecho. Se aparejaba con tres o cuatro mástiles de los que sólo el trinquete llevaba una vela cuadra, los otros palos portaban velas latinas. Los buques en los que Cristóbal Colón emprendió sus célebres viajes fueron carabelas.

La nave de guerra europea característica durante los siglos XVI y XVII fue la que se dio en llamar buque mayor, que contaba con cuatro o cinco palos y castillos elevados de proa y popa, así como dos o tres niveles de cañones. Estos buques alcanzaban desplazamientos de 900 t o más y llevaban por lo menos 60 cañones. Más tarde, el armamento se aumentó —de forma muy destacada en la marina británica— de tal manera que barcos con 100 cañones no resultaban insólitos. El buque insignia del almirante británico Horatio Nelson, el HMS Victory, construido a mediados del siglo XVIII, tipificaba el gran buque de guerra de este periodo. El Victory tenía 56,7 m (186 pies) de eslora, 15,9 m (52 pies) de manga y un desplazamiento de 2.197 t. Los modelos más ligeros de buques de guerra eran la fragata y la corbeta, con 36 cañones o menos, a menudo montados todos en la cubierta y no bajo esta superficie como en los buques mayores. Otros buques de guerra pequeños de los siglos XVIII y XIX eran los bergantines, bergantines-goleta, goletas, cúteres y lugres. 

 

Liz Stares/Collections

El navío Victory

El navío británico Victory, buque insignia del almirante Horatio Nelson en la batalla de Trafalgar en 1805, es el barco más famoso en toda la historia de la marina británica. En la actualidad está fondeado permanentemente en los muelles de la ciudad de Portsmouth.

 

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Defensa de las rutas marítimas

La era de la exploración y el nacionalismo, que comenzó en el siglo XV, coincidió con el desarrollo de barcos a vela más grandes y manejables, así como con la invención de la pólvora y de los instrumentos de navegación, que abrieron a los marinos la posibilidad de aventurarse hasta perder de vista la costa. El descubrimiento de las rutas marítimas que conducían a India, China y las Indias en los siglos XV y XVI, aumentó el volumen del comercio, y las rivalidades nacionales por el control de esas rutas crearon la necesidad de las armadas. Hasta el fin del siglo XVIII Portugal, España, Holanda, Francia y Gran Bretaña se vieron comprometidas de una manera casi permanente en guerras marítimas, por el dominio de los mares y el control de las rutas comerciales, vitales para el contacto de las colonias ultramarinas con la metrópoli. Gran Bretaña resultó victoriosa en esa lucha y, tras derrotar a la flota combinada hispano-francesa en la batalla de Trafalgar en 1805, durante las Guerras Napoleónicas, mantuvo su hegemonía durante más de un siglo.

Durante las grandes contiendas marítimas y entrada ya la segunda mitad del siglo XIX, los barcos de guerra de madera se hicieron más grandes y mucho mejor armados, llegando a contar algunos de ellos con 120 cañones. Entonces se creó una jerarquía regular de oficiales navales profesionales, desde guardiamarina a almirante. También se crearon agencias gubernamentales como almirantazgos y departamentos de Marina, para la cada vez más compleja administración de esas armadas

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GUERRAS NAPOLEÓNICAS

BIBLIOGRAFÍA

 

Castelot, André. Bonaparte. 2 vols. Madrid: Espasa-Calpe, S.A., 1982. Esta monumental biografía del emperador francés resulta referencia esencial en cualquier repertorio bibliográfico relacionado con la Europa sobre la que aquél actuó militar y políticamente.

Crawley, C. William (director). Guerra y paz en tiempos de revolución, 1793-1830. En "Historia del mundo moderno". Tomo IX. Barcelona: Sopena, 1987. Indispensable estudio que aunque excede el marco cronológico de las Guerras Napoleónicas las sitúa en su más certero contexto histórico.

Godechot, Jacques. Europa y América en la época napoleónica (1800-1815). Barcelona: Labor, 2ª ed., 1976. Uno de los grandes investigadores del periodo napoleónico acerca en esta gran obra aquella época incluyendo en su análisis la influencia de la coyuntura europea en el continente americano. Cuenta asimismo con 30 páginas de bibliografía.

Rudé, George. La Europa revolucionaria, 1783-1815. Madrid: Siglo XXI de España Editores, S.A., 8ª ed., 1988. Un libro imprescindible para conocer con profundidad el conjunto de las guerras que enfrentaron a la Francia revolucionaria con el resto de potencias europeas. Son de gran utilidad sus 10 páginas de mapas.

Ségur, Comte de. La derrota de Napoleón en Rusia. Madrid: Los Amigos de la Historia, 1972. Reedición de una obra en la que la decisiva campaña rusa es descrita por el propio ayudante de campo de Napoleón I.

Soboul, Albert. La Francia de Napoleón. Barcelona: Editorial Crítica, 1992. Notable visión general de los años napoleónicos a cargo de un gran especialista en la Francia revolucionaria. Dedica un gran espacio al repertorio bibliográfico.

Woolf, Stuart. La Europa napoleónica. Barcelona: Editorial Crítica, 1992. Magnífica síntesis de la convulsa época europea de comienzos del siglo XIX.

Wright, D. G. La Europa napoleónica. Madrid: Alianza Editorial, S.A., 1999. Breve pero excelente aproximación al periodo napoleónico.

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